Enseñar no consiste únicamente en seleccionar metodologías o transmitir contenidos. Supone tomar decisiones pedagógicas, éticas y situadas frente a trayectorias estudiantiles diversas, revisar los propósitos que orientan cada experiencia formativa y considerar las consecuencias que estas elecciones tienen en la manera de comprender y actuar en el mundo.
Desde esta perspectiva, la Subdirección de Enseñanza-Aprendizaje (Subdea) encabezó el martes 14 de julio la última sesión del ciclo 2026 de charlas «Diálogos que transforman», impulsado por la Vicerrectoría Académica (VRA). La exposición, titulada «Aprendizaje y enseñanza del enfoque crítico. Algunas consideraciones para la práctica docente», estuvo a cargo de su subdirector, Héctor Bravo Illanes.
La presentación comenzó problematizando algunas ideas habituales sobre el pensamiento crítico. Este no equivale a expresar una opinión personal, formular juicios negativos, adoptar una actitud de oposición sistemática ni aplicar reglas lógicas de manera mecánica. Tampoco puede reducirse a una habilidad cognitiva aislada, pues exige revisar el propio razonamiento, cuestionar aquello que se considera evidente y reconocer los supuestos que sostienen lo que se comprende, se decide y se comunica.
El subdirector de Enseñanza-Aprendizaje explicó que una de sus principales funciones es examinar las ideas, evaluar sus fundamentos y tomar conciencia de los procesos mediante los cuales se construyen. Desde esta mirada, pensar críticamente implica analizar las propias creencias y las ajenas, considerar perspectivas diferentes y adoptar posiciones justificadas, reconociendo que el conocimiento se produce en contextos históricos, sociales y culturales determinados.
El académico relacionó esta perspectiva con el enfoque crítico definido en el Proyecto Educativo Institucional (PEI) de la U. Central. La competencia asociada busca que el estudiantado tome decisiones justificadas frente a situaciones problemáticas, evalúe alternativas, utilice información confiable y considere la responsabilidad ética involucrada en sus elecciones.
Asimismo, presentó su desarrollo como un proceso progresivo durante la trayectoria curricular: desde la selección de fuentes válidas y la formulación de preguntas susceptibles de investigación hasta la resolución de problemas complejos, la evaluación de alternativas y la toma responsable de decisiones en escenarios disciplinares y profesionales.
La Subdea depende de la Dirección de Desarrollo Académico (DDA), desde donde se ha trabajado en la incorporación de este sello en las asignaturas de las distintas facultades. Los antecedentes compartidos reforzaron la necesidad de evaluar su progresión, contar con evidencias sobre su logro e introducir ajustes cuando corresponda.
Del currículum al aula: enseñar y evaluar
Al abordar su aplicación en los espacios formativos, la autoridad universitaria planteó la necesidad de reconocer la diversidad del estudiantado, favorecer una comunicación respetuosa y otorgar protagonismo a quienes aprenden. También propuso trabajar con errores, dilemas y problemas reales o simulados, confrontar perspectivas, evaluar la credibilidad de las fuentes e interrogar las evidencias y consecuencias de cada argumento.
Entre las estrategias mencionadas se incluyeron debates, estudios de caso, aprendizaje basado en problemas y proyectos, portafolios, bitácoras, coevaluación y autoevaluación. No obstante, las metodologías activas deben acompañarse de preguntas significativas, integración de información y oportunidades para que el estudiantado justifique sus decisiones.
En materia evaluativa, el expositor puso el acento en la evaluación auténtica, basada en desempeños contextualizados, desafíos cercanos al ámbito disciplinar o profesional, retroalimentación oportuna y seguimiento de los procesos. Así, el foco se desplaza desde las respuestas finales hacia el razonamiento, la argumentación y la toma de decisiones.
Al referirse a la inteligencia artificial, advirtió que una tarea resuelta mediante una herramienta automatizada, sin analizar, modificar ni contextualizar la respuesta, difícilmente permite evaluar pensamiento crítico. Por ello, las evaluaciones deben exigir interpretación, fundamentación y análisis de consecuencias.
Tras la exposición se realizó un conversatorio moderado por el vicerrector académico, Emilio Oñate Vera. El diálogo vinculó los contenidos abordados con los desafíos cotidianos de la enseñanza universitaria y la revisión permanente de las decisiones pedagógicas y evaluativas.
Con esta sesión concluyó la programación 2026 de «Diálogos que transforman». La Dirección de Relaciones Internacionales (DRI), la Unidad de Género y Diversidad (UGD), la Unidad de Inclusión (UI), la Dirección de Transformación Digital Educativa (DTDE), la Unidad de Apoyo y Seguimiento Estudiantil (UASE) y la Subdirección de Enseñanza-Aprendizaje (Subdea) aportaron miradas complementarias sobre internacionalización, equidad, inclusión, ciudadanía digital, trayectorias estudiantiles y práctica docente.
El cierre reafirmó que los principios formativos de la U. Central adquieren sentido cuando se traducen en decisiones curriculares, experiencias de aula y evaluaciones coherentes. Enseñar a pensar críticamente exige, además, revisar las propias metodologías, reconocer sus límites y abrir espacios de deliberación capaces de contribuir a la transformación del entorno.










