Jefa de la Unidad de Inclusión abordó cómo avanzar hacia una gestión universitaria sin barreras en «Diálogos que transforman»

La presentación planteó el tránsito desde la voluntad hacia una gestión permanente, con foco en la eliminación de barreras, el aseguramiento de la calidad y la construcción de trayectorias educativas exitosas.

Hacer efectivo el derecho a participar, aprender y permanecer en la educación superior exige más que apoyos puntuales, normativas declarativas o respuestas caso a caso. En una educación superior cada vez más diversa, el desafío está en construir modelos de gestión capaces de transformar decisiones, prácticas, culturas y formas de organización, para que la participación y el aprendizaje sean condiciones efectivas para toda la comunidad.

Desde esa perspectiva, la Vicerrectoría Académica (VRA) realizó la tercera sesión del ciclo «Diálogos que transforman», instancia orientada a promover la conversación en torno a las transformaciones que atraviesan actualmente a las instituciones universitarias. En esta oportunidad, la Unidad de Inclusión (UI) fue convocada para abordar la gobernanza en esta materia y su tránsito hacia una gestión más permanente y articulada.

En representación de la UI, su jefa, Marcela Godoy Valenzuela, presentó la charla «Gobernanza y gestión institucional inclusiva: transitando de la voluntad a la institucionalidad».

La actividad, realizada el jueves 18 de junio, fue moderada por el vicerrector académico, Emilio Oñate Vera, y reunió a autoridades universitarias, equipos académicos, representantes de distintas unidades y miembros de la comunidad institucional, quienes participaron de una reflexión sobre gestión universitaria, docencia, convivencia y aseguramiento de la calidad.

Durante su exposición, la profesional abordó la evolución de este enfoque en educación superior, desde los paradigmas de integración centrados en la adaptación del estudiantado al sistema, hacia una comprensión que exige transformar las instituciones para reducir barreras de acceso, participación, aprendizaje y egreso.

«Muchas veces se pregunta si una universidad es inclusiva, pero quizás hay un error en la base de esa pregunta», señaló la expositora. En esa línea, sostuvo que este trabajo no puede entenderse como algo acabado, sino como un proceso social y educativo que implica revisar elementos culturales, sesgos y estereotipos que requieren tiempo para ser transformados.

Asimismo, la académica explicó que la diversidad humana comprende múltiples dimensiones —funcionales, culturales, étnicas, generacionales, socioeconómicas, sociodemográficas y sexogenéricas— que interactúan entre sí y pueden producir desigualdades cuando no son abordadas desde políticas, prácticas y decisiones institucionales pertinentes.

«No todos parten desde el mismo punto de una carrera, no todos cuentan con el mismo capital cultural ni vienen de los mismos contextos. Desde esa diversidad también surgen desigualdades, y frente a ellas las instituciones tienen que tomar decisiones», indicó la especialista.

De la voluntad a la institucionalidad

La presentación revisó los principales marcos normativos que han impulsado estos procesos, tanto desde compromisos globales en materia de derechos humanos, discapacidad, género y educación, como desde la legislación chilena vinculada a educación superior, no discriminación, accesibilidad, inserción laboral y derechos de grupos históricamente excluidos.

A partir de ese marco, la exposición situó el avance del sistema universitario hacia una mayor institucionalización de la diversidad y la equidad de género, mediante políticas formales, estructuras organizacionales, programas de apoyo y criterios de calidad asociados a los procesos de acreditación.

Sin embargo, también advirtió que los compromisos declarados requieren condiciones concretas para sostenerse en el tiempo. En este punto, enfatizó la importancia de contar con equipos especializados, formación permanente, recursos suficientes, mecanismos de evaluación y una articulación efectiva con las distintas áreas académicas y de gestión.

«Con la buena voluntad no es suficiente. Hay que saber sobre estas temáticas», sostuvo la psicóloga y académica, al referirse a la necesidad de avanzar con capacidades técnicas, estrategias institucionales y acompañamiento situado a las carreras y unidades.

En el caso de la U. Central, Marcela Godoy expuso los principales hitos del trabajo desarrollado en esta materia. Entre ellos, mencionó la aprobación de la Política de Inclusión y Diversidad y su reglamento, junto con la creación de la unidad especializada, el desarrollo de programas de ajustes razonables, la oferta formativa docente, la participación en redes interuniversitarias y el diseño de la Sala de Regulación Sensorial y Emocional.

También abordó la implementación del Modelo de Gestión Institucional Inclusivo, que establece un marco de trabajo basado en dimensiones estratégicas como apoyo y formación, cultura y convivencia, institucionalidad, investigación e innovación, y vinculación con el medio. Su propósito es evitar que las acciones queden fragmentadas o dependan solo de esfuerzos individuales, para integrarlas en una planificación permanente, evaluable y articulada con la mejora continua.

Respecto de este modelo, la jefa de la UI agregó: «Lo importante de este modelo es que nos permite asegurar que la inclusión no se traduzca en acciones aisladas, sino en una mirada institucional, permanente, medible y en constante mejora».

Tras la presentación, el conversatorio permitió profundizar en los desafíos culturales, pedagógicos, curriculares y financieros que supone transversalizar este enfoque en la vida universitaria.

Al iniciar este espacio, el vicerrector Emilio Oñate valoró la exposición y destacó que la charla permitió comprender la relevancia de avanzar hacia una mayor institucionalización de estos procesos. «La exposición nos entrega una visión sobre la importancia que tiene la inclusión y sobre cómo vamos avanzando en su institucionalización», señaló.

En su intervención, la autoridad académica también vinculó el tema con una reflexión más amplia sobre comunidad, vida pública y responsabilidad colectiva. «Parte de lo público y de lo colectivo tiene que ver con incluir, aceptar la diversidad, respetar y tolerar al otro», planteó.

Posteriormente, el vicerrector profundizó en el papel que cumplen las universidades en la construcción de mejores condiciones de convivencia y desarrollo social. «Como universidad, somos responsables de formar y también de modelar la sociedad que queremos ser», sostuvo.

Desde esa perspectiva, agregó que la reflexión sobre diversidad no puede quedar separada del proyecto formativo de la institución. «Cuando pensamos en el currículo de una carrera, también estamos pensando en el sistema de conocimiento al que respondemos y en la sociedad que queremos contribuir a formar», indicó.

Finalmente, el vicerrector Oñate subrayó que avanzar en esta materia no solo responde a un deber ético, sino también a una forma de comprender el bienestar colectivo. «Vivir desde la diversidad y la inclusión mejora nuestra calidad de vida como sociedad y también nuestra productividad», afirmó.

La jornada permitió relevar la gobernanza institucional como una dimensión estratégica para la educación superior y para el proyecto de la U. Central. Desde esta perspectiva, la conversación dialoga directamente con una institución que declara su compromiso con la formación integral, la excelencia académica, la creación de nuevas oportunidades y la vinculación con los requerimientos de la sociedad y el país.

En coherencia con sus valores institucionales, el encuentro fortaleció una reflexión colectiva sobre el sentido de construir una comunidad universitaria capaz de expresar libertad con respeto, reconocer la diversidad entre las personas, actuar con justicia y solidaridad, y resguardar la dignidad humana por sobre cualquier condición. De este modo, el ciclo «Diálogos que transforman» volvió a situar la conversación académica como una herramienta para avanzar desde los principios hacia prácticas concretas que impacten la vida universitaria.