Una investigación que recorre casi dos siglos de historia universitaria y una experiencia orientada a imaginar escenarios que todavía no existen marcaron la agenda académica que desarrolló en Buenos Aires la directora de Desarrollo Académico, Francisca Infante Espínola. Ambas actividades confluyeron en una misma reflexión: cómo ampliar la formación universitaria para preparar profesionales capaces de comprender críticamente su entorno y participar en sus transformaciones.
Entre el 4 y el 7 de agosto, la directora participó como ponente en el X Encuentro Nacional y VII Latinoamericano «La Universidad como objeto de investigación», realizado en la Universidad Nacional de Tres de Febrero de Argentina y dedicado al análisis de las instituciones y los sistemas de educación superior desde distintas perspectivas disciplinares.
En la instancia presentó «Evolución histórica de la formación ciudadana en la universidad chilena», investigación que examinó el desarrollo de esta dimensión formativa desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad y su relación con los cambios políticos, sociales e institucionales experimentados por el país.
El estudio mostró que la formación ciudadana ha acompañado históricamente la misión universitaria, aunque sus formas y grados de explicitación han cambiado. Mientras en un sistema de educación superior más homogéneo y elitario tendía a permanecer implícita, la expansión y diversificación del estudiantado favoreció progresivamente su incorporación en el currículo y en otras experiencias formativas.
La ponencia profundizó una línea de investigación que la directora de Desarrollo Académico ha desarrollado durante varios años y que tuvo otro hito en mayo de 2026 con la presentación del libro Formación ciudadana en la universidad: bases conceptuales y una perspectiva comparada, surgido de su investigación doctoral y centrado en el aporte que las instituciones de educación superior pueden realizar a la vida democrática.
Esta reflexión se vincula también con el trabajo que actualmente impulsa la Dirección de Desarrollo Académico (DDA), dependiente de la Vicerrectoría Académica (VRA), en la implementación del Proyecto Educativo Institucional (PEI). Entre sus cuatro ejes curriculares, el PEI incorpora la formación general como un ámbito destinado a ampliar la experiencia educativa más allá de los conocimientos propios de cada disciplina y favorecer una formación integral.
Del análisis histórico al diseño de futuros
Durante su estadía en Buenos Aires, la directora Infante también se reunió con integrantes del equipo académico de la Cátedra de Diseño de Futuros de la Universidad de San Andrés, con el propósito de conocer su propuesta y explorar aproximaciones que puedan aportar al desarrollo de la formación general en la U. Central.
Uno de los aspectos que motivó especialmente el encuentro fue la alfabetización anticipatoria, entendida como la capacidad de explorar futuros posibles para ampliar las maneras de interpretar el presente, reconocer señales de cambio, cuestionar supuestos e imaginar alternativas frente a escenarios de incertidumbre.
La experiencia permitió conocer metodologías especulativas, críticas y participativas que no buscan predecir qué ocurrirá, sino utilizar distintos futuros posibles como herramientas para reflexionar sobre las decisiones y acciones del presente. La propuesta incorpora, además, perspectivas latinoamericanas y decoloniales que integran diversos saberes y actores en los procesos educativos.
La académica destacó que tanto el encuentro latinoamericano como la experiencia desarrollada en la Universidad de San Andrés compartieron una aproximación capaz de articular modelos internacionales con perspectivas críticas y participativas surgidas desde América Latina.
La visita abrió así posibilidades para explorar nuevas herramientas que fortalezcan la formación general y las experiencias interdisciplinarias contempladas en el PEI, particularmente aquellas que permitan desarrollar pensamiento crítico, capacidad de anticipación y disposición para actuar frente a entornos en permanente transformación.
La agenda desarrollada en Argentina conectó, de este modo, dos preguntas esenciales para la educación superior: qué responsabilidad ha asumido históricamente la universidad en la formación de ciudadanía y qué capacidades deberá promover para responder a desafíos que aún no conocemos por completo.
Entre la memoria de aquello que la universidad ha sido y la imaginación de aquello que todavía puede llegar a ser, ambas experiencias situaron la formación universitaria en un horizonte que trasciende el dominio de una profesión: preparar personas capaces de comprender su tiempo, cuestionar sus límites e intervenir responsablemente en la construcción de futuros posibles.

