U. Central acogió la primera jornada del seminario internacional AMA sobre equidad y sostenibilidad académica

El encuentro dio inicio a un ciclo de tres días de reflexión interuniversitaria, organizado por la Alianza de Mujeres en la Academia (AMA) y la estrategia Equilibrios y Microequilibrios de Género en la Academia (Emegae), que reunió a autoridades, académicas y académicos para analizar las brechas de género y los desafíos estructurales de la carrera académica en Chile y otros contextos.

Con un llamado a reflexionar críticamente sobre los modelos de desarrollo académico, la organización del trabajo universitario y las condiciones que inciden en las trayectorias de las mujeres en la academia, se dio inicio al Seminario Internacional «Equilibrios para carreras académicas sostenibles», encuentro que reunió a autoridades universitarias, académicas, académicos y representantes de redes interuniversitarias nacionales e internacionales.

Universidad Central de Chile fue sede de la primera jornada de esta instancia, desarrollada el martes 13 de enero en el Aula Magna Fundadores, como parte de un programa de tres días de conferencias, paneles y talleres orientados a analizar las brechas de género que persisten en la vida académica y los desafíos institucionales para avanzar hacia trayectorias más equitativas, éticas y sostenibles. Las jornadas siguientes se realizaron en otras universidades participantes, reforzando el carácter interinstitucional del seminario.

El seminario fue organizado por la Alianza de Mujeres en la Academia (AMA) y la iniciativa estratégica Equilibrios y Microequilibrios de Género en la Academia (Emegae), liderada por la Universidad de Málaga, y contó con la participación de la Universidad Central, la Universidad Andrés Bello (UNAB) y la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM), además del apoyo del Consejo de Rectoras y Rectores de las Universidades Chilenas (CRUCh) y de la Corporación de Universidades Privadas (CUP).

Apertura institucional y contexto del encuentro

La jornada fue inaugurada por el rector de la U. Central, Santiago González Larraín, quien subrayó la relevancia de abordar las desigualdades de género en la academia desde una perspectiva estructural y de largo plazo. En su intervención, enfatizó que las brechas observadas en las trayectorias académicas no responden a decisiones individuales aisladas, sino a condiciones institucionales que se reproducen en el tiempo y que exigen una revisión crítica por parte de las universidades.

«Las brechas que hoy observamos en las trayectorias académicas no son producto del azar; responden a estructuras que debemos revisar como instituciones, y esa revisión debe traducirse en políticas concretas», señaló, destacando que avanzar hacia modelos académicos más equitativos constituye una responsabilidad institucional ineludible. En ese sentido, sostuvo que las universidades no solo cumplen un rol formativo, sino también un papel activo en la configuración de las condiciones en que se desarrolla el trabajo académico.

El rector agregó que reflexionar sobre equidad y sostenibilidad académica implica revisar los criterios mediante los cuales se evalúa, reconoce y proyecta el quehacer universitario, así como las condiciones que permiten sostener trayectorias académicas diversas a lo largo del tiempo. Asimismo, valoró el carácter interuniversitario e internacional del seminario, señalando que este tipo de espacios contribuyen a fortalecer una mirada compartida sobre los desafíos estructurales del sistema de educación superior.

A continuación, la directora de Desarrollo Académico de la U. Central y coordinadora de la AMA durante 2025, Francisca Infante Espínola, contextualizó el sentido del seminario y el trabajo desarrollado por la alianza en los últimos años. Explicó que el encuentro busca articular evidencia empírica, experiencias institucionales y reflexión académica para fortalecer la toma de decisiones estratégicas en educación superior.

En esa línea, subrayó que avanzar hacia carreras académicas sostenibles exige ampliar la mirada más allá de los indicadores tradicionales de productividad. «Pensar la carrera académica hoy implica considerar también el bienestar, la equidad y la sostenibilidad como dimensiones centrales de la calidad universitaria», afirmó, destacando el valor del trabajo colaborativo e interuniversitario impulsado por la AMA. Asimismo, añadió que la evidencia solo adquiere sentido transformador cuando se traduce en decisiones institucionales capaces de modificar las condiciones reales en que se desarrolla la vida académica.

Resultados de la Encuesta de Mujeres en la Academia: diagnóstico y desafíos

El primer bloque estuvo marcado por la presentación de los resultados de la Encuesta de Mujeres en la Academia (EMA), a cargo de Viviana Azúa Aros, socióloga y coordinadora de Fomento a la Investigación, Desarrollo e Innovación de la Vicerrectoría de Investigación, Innovación y Postgrado (VRIIP) de la U. Central.

La exposición entregó un panorama actualizado sobre la participación de las mujeres en el sistema universitario chileno, abordando dimensiones como composición del cuerpo académico, jerarquización, formación doctoral, productividad científica y acceso a cargos de liderazgo. Si bien se observan avances graduales en algunos indicadores, los datos muestran que las brechas de género persisten, especialmente en los niveles jerárquicos más altos.

«Las mujeres ingresan a la carrera académica en porcentajes cercanos a la paridad, pero su presencia disminuye de manera sostenida a medida que se avanza en la jerarquización», explicó, señalando que este fenómeno de segregación vertical evidencia la necesidad de intervenciones estructurales. La presentación también dio cuenta de brechas relevantes en la participación de mujeres en investigación, liderazgo de publicaciones científicas y áreas STEM, advirtiendo que, sin cambios de fondo en la organización del trabajo académico, la paridad seguirá siendo un objetivo distante.

Panel: resultados EMA y respuesta institucional

Tras la presentación de los resultados, se desarrolló un panel de reflexión institucional orientado a analizar los desafíos que estos datos plantean para la gestión académica, la calidad universitaria y la sostenibilidad de las trayectorias académicas. El espacio fue moderado por Francisca Infante y contó con la participación de autoridades universitarias de distintas casas de estudio.

Desde la Universidad de Chile, la prorrectora Alejandra Mizala Salces abordó los resultados de la EMA como una señal clara de las limitaciones de las políticas implementadas hasta ahora. En su intervención, advirtió que, si bien se han registrado avances en materia de incorporación de mujeres al sistema académico, estos no se han traducido con la misma fuerza en procesos de progresión y consolidación de las trayectorias.

«Las políticas han estado muy centradas en la contratación, pero no en la progresión académica», señaló, subrayando que los actuales sistemas de evaluación continúan privilegiando ciertos indicadores tradicionales en desmedro de otras funciones académicas igualmente relevantes. En ese sentido, planteó la necesidad de revisar las rúbricas de jerarquización para reconocer de manera explícita tareas como la docencia, la gestión académica y las labores de mentoría, que hoy sostienen el funcionamiento institucional, pero no siempre son valoradas en los procesos de promoción.

Por su parte, su homóloga de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), Marianne Krause Jacob, situó las brechas de género en un marco más amplio de factores culturales y organizacionales. En su análisis, enfatizó que las desigualdades observadas no responden a diferencias de capacidades individuales, sino a condiciones estructurales que afectan de manera diferenciada las trayectorias académicas.

«La sobrecarga y la falta de corresponsabilidad siguen impactando directamente las trayectorias académicas», afirmó, destacando que las universidades cuentan con márgenes de acción concretos para intervenir en estos ámbitos. Entre ellos, mencionó la necesidad de avanzar en políticas institucionales que aborden de manera integrada el bienestar, la organización del trabajo académico y los tiempos asociados a la vida universitaria, especialmente en contextos de alta exigencia.

El panel fue cerrado por el rector de la U. Central, Santiago González, quien retomó los principales hallazgos de la encuesta para subrayar que la equidad de género continúa siendo un desafío estructural del sistema de educación superior. «No existen hoy las mismas oportunidades para hombres y mujeres a lo largo de la carrera académica, y eso no se corrige sin políticas activas», sostuvo, agregando que avanzar en esta dirección no solo responde a un imperativo ético, sino también a un criterio de calidad institucional. En ese sentido, destacó que la diversidad en los equipos académicos contribuye a mejorar la toma de decisiones, fortalecer la gestión universitaria y enriquecer la producción de conocimiento.

Conferencia Emegae: ética y sostenibilidad en las trayectorias académicas

La jornada continuó con la conferencia Equilibrios de Género en la Academia y Ética, a cargo de Mercedes Siles Molina, catedrática de la Universidad de Málaga y directora de la estrategia internacional Emegae. En su exposición, presentó los fundamentos conceptuales y los principales aprendizajes de esta iniciativa, orientada a analizar la desigual distribución y valoración de las tareas académicas en los sistemas de educación superior, así como sus efectos en las trayectorias profesionales, particularmente de las mujeres.

Desde una perspectiva comparada, la académica abordó los desafíos éticos que enfrenta hoy la vida universitaria, subrayando que los modelos actuales de evaluación y reconocimiento del trabajo académico tienden a invisibilizar una parte sustantiva del quehacer universitario. «La sostenibilidad de la carrera académica no puede pensarse solo en función de métricas cuantitativas, sino desde una reflexión ética sobre cómo se organiza y se valora el trabajo académico en su conjunto», planteó, destacando la necesidad de reconocer de manera explícita tareas como la docencia, la gestión, la vinculación con el medio y el trabajo de cuidado, muchas de las cuales no siempre son reconocidas ni remuneradas en los sistemas vigentes.

En ese marco, explicó que la estrategia Emegae ha permitido visibilizar patrones estructurales comunes en distintos contextos universitarios, evidenciando que la sobrecarga de tareas no reconocidas recae de manera desproporcionada en las mujeres, afectando su progresión académica y su bienestar. «Cuando estas tareas no se consideran en los sistemas de evaluación, se reproduce una inequidad que termina siendo estructural», advirtió.

Asimismo, enfatizó que las transformaciones necesarias requieren un compromiso explícito de las instituciones de educación superior. «Si las instituciones no se implican, estos cambios no se consolidan ni se sostienen en el tiempo», afirmó, subrayando la importancia de avanzar hacia políticas claras, construidas tanto desde los niveles directivos como desde la base académica, que permitan modificar de manera efectiva las condiciones en que se desarrolla la vida universitaria.

Finalizada la exposición, se desarrolló un espacio de conversación moderado por Carolina Muñoz Guzmán, directora de Equidad de Género de la PUC, quien invitó a profundizar en los vínculos entre ética, organización institucional y bienestar académico. En su intervención, destacó que los procesos de transformación en la academia suelen comenzar con reflexiones individuales, pero solo adquieren impacto real cuando existen marcos organizacionales capaces de sostener esos cambios en el tiempo.

«La reflexión ética pierde fuerza si no se traduce en estructuras institucionales que permitan cuidar las trayectorias académicas sin penalizarlas», señaló, enfatizando que avanzar hacia carreras académicas sostenibles implica reconocer la diversidad disciplinar y las trayectorias no lineales, así como asumir que los impactos de estas transformaciones suelen ser graduales, acumulativos y dependientes de decisiones institucionales coherentes.

Panel AMA: prácticas institucionales para fortalecer el desarrollo académico de las mujeres

Posteriormente, se desarrolló el panel Prácticas para fortalecer el desarrollo académico de las mujeres en el contexto de la AMA, moderado por Claudio Olea Azar, director de Desarrollo Académico de la U. de Chile. El espacio estuvo orientado a compartir avances, aprendizajes y desafíos identificados por la alianza durante el último año de trabajo colaborativo.

En su intervención, Pamela Caro Molina, directora del Centro de Investigación y Estudios en la Familia, Trabajo y Ciudadanía (Cielo) de la Universidad Santo Tomás (UST) y directora del proyecto INES Género, presentó una síntesis del análisis cualitativo realizado por una subcomisión de la AMA. Subrayó que la incorporación del enfoque de género en la academia chilena es un proceso reciente y aún en desarrollo. «Reconocer la existencia de brechas en la carrera académica es un primer aprendizaje institucional; desde ahí se abren posibilidades reales de transformación», señaló.

La académica explicó que las universidades participantes reportan avances en políticas integrales de género, actualización de reglamentos académicos e incorporación de criterios de equidad en procesos de jerarquización, reclutamiento y evaluación. No obstante, advirtió que persisten desafíos relevantes, especialmente en el reconocimiento efectivo de trayectorias no lineales y de tareas de gestión y cuidado dentro de los sistemas de evaluación académica.

A su vez, Débora Jana Aguirre, coordinadora del Observatorio de Género y Diversidad de la Universidad de Santiago de Chile (Usach), abordó el eje de corresponsabilidad y cuidados, planteando que el problema no radica en los cuidados en sí mismos, sino en su organización desigual y en el impacto que esta tiene en trayectorias académicas fragmentadas. «Las trayectorias académicas no pueden seguir analizándose solo desde el mérito individual; están atravesadas por condiciones estructurales que inciden en el tiempo disponible, la productividad y las oportunidades de liderazgo», afirmó.

Durante el diálogo, las panelistas coincidieron en que fortalecer la agencia académica de las mujeres requiere valorar de manera integral todas las dimensiones del quehacer universitario, así como contar con mecanismos de seguimiento que permitan evaluar el impacto real de las acciones adoptadas. Asimismo, subrayaron la importancia de la colaboración interinstitucional como una fortaleza distintiva de la AMA, en un sistema que aún opera bajo lógicas altamente competitivas.

Reconocimiento a la cooperación académica internacional

La mañana concluyó con un reconocimiento institucional a la Harvard University, en atención a su apoyo sostenido al trabajo desarrollado por la Alianza de Mujeres en la Academia entre 2019 y 2025, periodo en el que acompañó de manera activa su articulación, proyección internacional y consolidación interuniversitaria.

En este contexto, se compartió un saludo grabado de Judith Singer, vicerrectora principal para el Desarrollo Docente y la Diversidad de esa casa de estudios, quien recordó los orígenes de la alianza y destacó que Chile fue el país que acogió con mayor convicción la propuesta de articular una red interuniversitaria enfocada en el avance de las mujeres en la academia. «Después de aquel primer encuentro en 2018, ver que en 2026 la alianza sigue viva, creciendo y transformando la experiencia académica de las mujeres en Chile es profundamente significativo», señaló.

Posteriormente, Marcela Rentería Rodríguez, exdirectora ejecutiva de la Oficina Chile del Centro David Rockefeller de Estudios Latinoamericanos de Harvard, recibió un reconocimiento en representación de ese trabajo colaborativo y del vínculo institucional construido entre Harvard y las universidades chilenas. Su rol fue clave en el acompañamiento estratégico, la proyección internacional y la consolidación de la AMA durante los años de cooperación con esa institución.

En su intervención, destacó que uno de los principales logros de la AMA ha sido la consolidación de un liderazgo local sostenido, capaz de trascender coyunturas institucionales y de integrar universidades diversas en torno a un propósito común. «Este no ha sido un trabajo de mujeres para mujeres, sino un movimiento colectivo que ha logrado mantenerse en el tiempo porque lo local es lo que realmente mueve los cambios», afirmó, subrayando además que la internacionalización ha sido clave para amplificar ese trabajo y proyectarlo en un horizonte global.

Un cierre abierto

La primera jornada del Seminario Internacional «Equilibrios para carreras académicas sostenibles» dejó a la vista algo más que diagnósticos, cifras o marcos normativos. Lo que quedó en el aire fue la constatación de un tiempo largo, de trayectorias interrumpidas, de esfuerzos invisibles y de una pregunta incómoda que atraviesa a todas las instituciones presentes: cómo construir una academia que no se sostenga sobre el desgaste silencioso de algunas, sino sobre condiciones justas y compartidas para todas las personas que la habitan.

A lo largo del día, las voces convocadas —desde la evidencia empírica, la gestión universitaria, la reflexión ética y la experiencia situada— trazaron un mapa común. Las brechas persisten, los avances son lentos y el costo de la desigualdad no es abstracto: se expresa en tiempo que no alcanza, en carreras que se ralentizan, en decisiones postergadas y en cuerpos que sostienen más de lo que se ve.

Este seminario no cerró con respuestas definitivas. Cerró, en cambio, con una certeza compartida: que la sostenibilidad de las carreras académicas no se juega solo en los reglamentos ni en los indicadores, sino en la capacidad de las universidades de mirarse críticamente, asumir responsabilidades estructurales y transformar —con decisión y cuidado— las condiciones en que se produce el conocimiento. Porque hablar de equilibrios, cuando se habla en serio, implica aceptar que algo debe moverse, que algo debe ceder y que algo, finalmente, debe cambiar.