Los cementerios como espacios vivos

Un estudio de la Universidad Central de Chile recorre cementerios desde Arica hasta Punta Arenas para diagnosticar su deterioro, registrar sus rituales y proponer nuevas formas de gestión cultural. La hipótesis es que los cementerios ya no pueden entenderse sólo como espacios funerarios, sino como paisajes vivos de memoria, identidad y comunidad.

En Chile, los cementerios del siglo XIX nacieron como respuesta a una modernidad higienista que buscaba alejar la muerte de las iglesias y ordenar la ciudad. Dos siglos después, esos mismos espacios son reconocidos como patrimonio, pero viven una silenciosa crisis de abandono, fragmentación institucional y cambio cultural.

Ese es el punto de partida del estudio “Diagnóstico del estado de conservación y puesta en valor del patrimonio funerario chileno”, liderado por Marco Valencia, director del Centro de Investigaciones Arquitectónicas, Urbanísticas y del Paisaje (Ceaup) de la Universidad Central de Chile, que termina en abril del próximo año.

“Existe una crisis estructural en estos recintos, que tiene que ver con cambios socioculturales, problemas de financiamiento y debilidades en la gestión”, explica Valencia, agregando que “al mismo tiempo, hay un enorme potencial patrimonial y social que todavía no hemos sabido activar”.

Museos al aire libre

La investigación analiza catorce cementerios patrimoniales del país, desde el N° 1 de Iquique hasta el Sara Braun de Punta Arenas, incluyendo los históricos cementerios de Valparaíso y el inusual cementerio flotante Aucar en Chiloé, entre otros.

El diagnóstico es transversal: abandono, vandalismo, déficit financiero y ausencia de gestión coordinada. Pero también existe un potencial enorme. “Los cementerios no son sólo lugares de entierro, sino parques urbanos y refugios de silencio en medio del ajetreo de las ciudades”, según se afirmó en el Coloquio Internacional de Patrimonio Funerario realizado en Santiago, en octubre de 2025.

En Valparaíso, uno de los casos más críticos, el deterioro de los cementerios ha transformado a estos recintos en símbolos del abandono urbano, con el acceso al Cementerio N°1 restringido por riesgo de derrumbe del pórtico principal. 

En contraste, experiencias como el Cementerio Santa Inés en Viña del Mar muestran que la activación cultural —visitas guiadas, programas educativos— puede transformar estos espacios en verdaderos circuitos de memoria y aprendizaje.

 

Chiloé: donde los muertos siguen habitando la comunidad

Uno de los casos más singulares del estudio se encuentra en el Archipiélago de Chiloé. Allí, el cementerio de Aucar desafía las categorías tradicionales del patrimonio.

Un puente de madera de más de 500 metros conecta la isla con tierra firme. A ambos lados aparecen humedales, aves migratorias y pequeñas “casas-tumba” pintadas de colores intensos. El cementerio convive con la capilla y la explanada ceremonial, en una continuidad entre naturaleza, religión y vida cotidiana.

“La cultura mortuoria chilota permanece intacta. Estos cementerios tienen un alto valor patrimonial y social porque demuestran la cohesión comunitaria y una forma festiva y colectiva de honrar a los muertos”, explicó la antropóloga Pía Santibáñez.

Pero el reconocimiento patrimonial también ha traído nuevas amenazas: la sobrecarga turística y la erosión del borde costero amenazan el delicado ecosistema de Aucar. De allí que la declaración no sólo protege la isla, sino parte del humedal que la circunda (más de 50 hectáreas de protección). 

 

Patrimonio, turismo y futuro

A diferencia de otros bienes culturales, los cementerios no son espacios clausurados: continúan funcionando como lugares de duelo y memoria cotidiana. Esta condición introduce una complejidad poco considerada en las políticas públicas.

“Son patrimonios en uso, y eso los hace mucho más complejos de gestionar que un museo tradicional”, explica Paula Parada, presidenta de la Red Chilena de Valoración y Gestión de Cementerios Patrimoniales, “Aquí conviven la conservación, el uso funerario y las demandas de la comunidad”.

Este carácter dinámico se expresa también en transformaciones recientes como el aumento de la cremación, la densificación de sepulturas y el abandono de mausoleos históricos, fenómenos que impactan directamente en su configuración espacial y en su sostenibilidad

En el Coloquio de Patrimonio Funerario se dijo que “Hay que dejar de mirar exclusivamente a Europa como referente y desarrollar soluciones desde nuestra propia identidad latinoamericana”. En paralelo, experiencias como la del Cementerio Británico de Montevideo muestran caminos posibles, que incluyen rutas culturales, actividades artísticas, rescate de historias locales y programas educativos capaces de transformar los cementerios en espacios activos de ciudadanía.