Docentes se capacitaron para detectar señales de riesgo suicida y activar apoyos oportunamente

La DAVE desarrolló una nueva instancia de formación orientada a entregar herramientas para reconocer señales de alerta, abordar conversaciones difíciles y actuar oportunamente frente a estudiantes en riesgo.

La prevención del suicidio no recae únicamente en los equipos especializados. Quienes comparten cotidianamente con estudiantes también pueden cumplir un papel relevante al reconocer señales de alerta, abrir una conversación y activar apoyos oportunamente. Bajo esa mirada, la Dirección de Apoyo y Vida Estudiantil (DAVE) realizó realizó el 18 y el 19 de agosto una capacitación en el modelo gatekeeper, orientado a preparar a integrantes de la comunidad para identificar posibles situaciones de riesgo suicida y facilitar el acceso a ayuda especializada.

La actividad dio continuidad a una primera instancia desarrollada en mayo con el equipo psicosocial de la DAVE y buscó ampliar progresivamente las capacidades de prevención dentro de la comunidad universitaria. La formación estuvo a cargo de la académica de la carrera de Terapia Ocupacional, Mónica Oyarzún, y la psicóloga de la DAVE, Constanze Ihl, ambas capacitadas a comienzos de este año como entrenadoras de gatekeepers.

Durante las jornadas se abordaron factores protectores y de riesgo asociados al suicidio, así como herramientas para identificar situaciones de vulnerabilidad y responder de manera adecuada. La terapeuta ocupacional explicó que uno de los propósitos centrales es avanzar en una alfabetización de la comunidad educativa en torno a una temática especialmente sensible.

«Nuestra tarea es poder alfabetizar y entregar herramientas a docentes y contrapartes con respecto a la prevención, ya sea en la evaluación o en la intervención propiamente tal de la temática de muerte por suicidio», señaló.

Esta alfabetización supone también manejar un lenguaje claro y actualizado sobre la conducta suicida y comprender la prevención desde una perspectiva comunitaria. En ese sentido, la capacitación puso énfasis en que las personas que mantienen contacto habitual con estudiantes pueden contribuir a detectar señales de riesgo y facilitar el acceso oportuno a los apoyos especializados correspondientes.

La psicóloga de la DAVE destacó la activa participación del grupo y el interés que generó la formación. De acuerdo con lo recogido al término de la actividad, las personas asistentes valoraron contar con herramientas más concretas y señalaron sentirse con mayor seguridad para intervenir frente a una eventual situación de riesgo suicida.

La experiencia forma parte de una estrategia que busca ampliar progresivamente la formación en prevención del suicidio hacia distintos integrantes de la comunidad universitaria. «Esta es la primera instancia para docentes y contrapartes de asuntos estudiantiles. La idea es después realizarlo con docentes de las carreras y también con estudiantes», proyectó la académica de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud (Famedsa).

Con esta nueva etapa, la DAVE extiende el modelo gatekeeper más allá de los equipos psicosociales y avanza hacia una red de prevención en la que distintos integrantes de la comunidad puedan reconocer señales de alerta, ofrecer una primera respuesta y contribuir a que el apoyo llegue a tiempo.