Columna: La revancha de los clásicos

Quizás debamos agradecerle a la IA uno de los mayores favores que podía hacernos. Su irrupción nos está obligando a revisar qué significa ser humanos y, especialmente, cuál es el verdadero propósito de las universidades. En efecto, la revolución tecnológica más importante de nuestro tiempo podría terminar reivindicando una tradición educativa que parecía estar perdiendo relevancia.

La educación superior por décadas ha privilegiado la empleabilidad, las competencias técnicas y la productividad. En este proceso, hemos confundido formación con capacitación y conocimiento con información. Asimismo, el estudio de los clásicos ha quedado progresivamente relegado frente a disciplinas consideradas más útiles. Sin embargo, el avance de la IA está cuestionando los fundamentos de este modelo educativo.

Hoy las máquinas redactan, programan, traducen, analizan contratos y resuelven problemas complejos. Además, sus capacidades avanzan a una velocidad que desafía nuestras concepciones tradicionales sobre el conocimiento. En este contexto, si buena parte de aquello que enseñamos puede ser realizado por algoritmos, corresponde preguntarse qué debemos enseñar y qué tipo de personas queremos formar.

Pues bien, la respuesta podría encontrarse precisamente en los clásicos. Aristóteles distinguía entre el conocimiento técnico y la phrónesis, aquella sabiduría práctica que permite deliberar prudentemente sobre lo bueno y lo justo. Esta distinción adquiere hoy especial vigencia, puesto que procesar información y resolver problemas no equivale necesariamente a poseer la sabiduría necesaria para orientar nuestras decisiones, como también, asumir sus consecuencias.

Por otra parte, incorporar tecnologías en las universidades resulta indispensable, pero claramente insuficiente. Volver a Platón, Aristóteles, Shakespeare o Cervantes no significa refugiarse en el pasado, sino recuperar las grandes preguntas sobre la verdad, la justicia, la libertad y el sentido de nuestra existencia. Por ello, el estudio de los clásicos constituye una herramienta fundamental para desarrollar el pensamiento crítico, el discernimiento moral y una formación verdaderamente integral.

En definitiva, cuanto más inteligentes sean las máquinas, más importante será cultivar nuestra condición humana. Paradójicamente, la IA podría terminar devolviendo a los clásicos el protagonismo que nunca debieron perder, como también salvar a las universidades de su eventual pérdida de sentido o irrelevancia.

 

Rafael Pastor Besoain

Decano Facultad de Derecho y Humanidades

Universidad Central de Chile