Con el objetivo de profundizar en el trauma psíquico derivado de experiencias complejas y actualizar los enfoques terapéuticos actuales, la carrera de Psicología llevó a cabo el seminario “Eventos adversos: Impacto en la salud psíquica y nuevas estrategias de tratamiento”. La actividad se constituyó como un espacio de reflexión académica enfocado en brindar herramientas de vanguardia para la práctica clínica y la comprensión profunda del ser humano.
El seminario contó con la participación central de la Dra. Rosemarie Fritsch Montero, médica especialista en Psiquiatría y Medicina del Sueño, y profesora asociada de la Clínica Psiquiátrica Universitaria de la Universidad de Chile. Durante su exposición, la especialista propuso superar los esquemas tradicionales de clasificación psiquiátrica para enfocarse en la trayectoria singular de cada paciente frente a las dificultades de la vida.
Durante la jornada, se analizó cómo los eventos adversos —tales como pérdidas, violencia, negligencia o accidentes— forman parte de la experiencia humana, pero sus repercusiones psíquicas varían significativamente de un individuo a otro. La Dra. Fritsch enfatizó que dos personas expuestas a situaciones similares pueden desarrollar caminos completamente distintos: mientras una logra recuperarse, otra puede presentar síntomas temporales o desarrollar alteraciones persistentes en su regulación emocional e identidad.
Tradicionalmente, la práctica clínica se ha centrado en un enfoque nosológico, basado en el conteo estricto de síntomas y la asignación de etiquetas de manual. Este modelo fragmenta al paciente en múltiples diagnósticos independientes y busca calmar las manifestaciones únicamente a través de psicofármacos. Frente a esto, la especialista defendió la transición hacia un enfoque dimensional e integrador que sitúa en el centro a la persona y al procesamiento posterior de su experiencia, permitiendo abordar el origen del malestar y del trauma relacional de forma profunda.
En este contexto, la profesional instó a los futuros psicólogos y clínicos a cambiar la pregunta central en la consulta: más allá de cuestionar «¿qué le pasó al paciente?», la interrogante clave debe ser «¿qué ocurrió en esa persona después de que le pasó eso?».
Un punto destacado de la presentación fue la crítica a los sistemas de clasificación diagnóstica rígidos, como las versiones anteriores de los manuales estadísticos. La especialista explicó que marcos actuales como el CIE-11 y modelos dimensionales como HiTOP avanzan hacia la eliminación del mero «conteo de síntomas», devolviendo el valor principal al criterio clínico.
A su vez, advirtió sobre los riesgos de etiquetar a los usuarios con diagnósticos crónicos que terminan por rigidizar su identidad: “Cuando abordamos al paciente desde una comprensión distinta, dándole herramientas para procesar e integrar su experiencia en su historia autobiográfica, la gran noticia es que podemos dar altas sin psicofármacos. Los síntomas no son fallas de fábrica; son respuestas de adaptación y supervivencia frente a la adversidad”, aclaró la especialista.
El seminario concluyó con una ronda de preguntas donde estudiantes y profesionales debatieron sobre la necesidad del trabajo interdisciplinario —especialmente en áreas como el tratamiento de adicciones y trauma relacional—, reafirmando el compromiso de la unidad académica con la formación continua y humanizada en el campo de la salud mental.
