Una fractura de tobillo lo alejó del básquetbol y, años después, una lesión de rodilla lo mantuvo cerca de tres meses fuera de competencia. Ninguna de las dos consiguió apartarlo del deporte. Vicente Rojas González, estudiante de cuarto año de Ingeniería Civil Industrial y capitán de la selección masculina de vóleibol de la Universidad Central de Chile, fue reconocido por la Dirección de Apoyo y Vida Estudiantil (DAVE) como Deportista del Mes de octubre.
La distinción llegó mientras la selección se prepara para disputar las instancias finales del campeonato universitario en categoría Honor, primera división de la disciplina, con el objetivo de competir por el título.
Su incorporación al equipo tuvo algo de inesperado. Llegó a la U. Central durante los últimos días del proceso de matrícula, cuando las clases ya habían comenzado y el periodo de pruebas para las selecciones había concluido. Aun así, asistió a un taller de vóleibol y quedó seleccionado ese mismo día. «Me fui un día al taller a jugar y me seleccionaron al tiro», recordó.
Su relación con el deporte había comenzado en otras disciplinas. Primero practicó fútbol y luego básquetbol, donde jugó como escolta y pívot hasta los 16 o 17 años. Una fractura de tobillo interrumpió esa etapa y lo acercó al vóleibol, que comenzó a practicar por diversión en el colegio. Tras egresar, entrenó durante casi dos años y medio en un club, compitió en ligas nacionales y obtuvo el tercer lugar en un campeonato realizado en Temuco.
Liderazgo dentro y fuera de la cancha
Actualmente juega como armador y ejerce la capitanía del equipo, responsabilidad que le fue asignada por su entrenador en reconocimiento a un trabajo que también se desarrolla fuera de la cancha. El estudiante coordinaba con quienes estaban a cargo de la selección, participaba en reuniones y gestionaba sus redes sociales.
Sin embargo, no entiende la capitanía como una posición jerárquica. «Todos somos un mismo equipo; tratamos de mantenernos unidos», explicó.
Su recorrido en la selección también estuvo marcado por momentos difíciles. Una lesión de rodilla lo mantuvo alrededor de tres meses fuera de competencia y, durante varias temporadas, cumplió un rol desde la banca. La ausencia de un compañero que ocupaba su misma posición le dio finalmente la oportunidad de ingresar como titular. «Me llegó la oportunidad y de ahí ya no paramos de ganar», recordó.
Junto con la selección obtuvo medallas de tercer y segundo lugar y formó parte del equipo que consiguió el ascenso. Después de alcanzar el quinto puesto durante el semestre anterior, el grupo inició una nueva etapa con una disposición distinta. «Ahora estamos en la misma sintonía, todos al mismo ritmo y luchando por ganar», afirmó.
El capitán atribuyó parte de ese cambio a una nueva mentalidad y al acompañamiento de profesionales de psicología deportiva. Las sesiones, principalmente grupales, fueron solicitadas por él para fortalecer la confianza, la cohesión y el trabajo colectivo.
Su semana se organiza en torno a múltiples responsabilidades. Entrena de lunes a jueves, disputa partidos los viernes y durante los fines de semana participa en otros torneos. Además, trabaja una jornada semanal como vendedor, día que escogió para no restar tiempo a los entrenamientos.
En el ámbito académico, proyecta realizar su práctica profesional el próximo año. Después de egresar, le gustaría cursar un magíster relacionado con comercio y marketing en la U. Central, donde destacó tanto las instalaciones deportivas como el ambiente universitario.
«El deporte me ha ayudado mucho en los estudios; es un complemento», señaló.
El reconocimiento llegó cuando la selección enfrenta las instancias decisivas del campeonato y resume una trayectoria construida entre lesiones, nuevas oportunidades y trabajo colectivo. Para el estudiante, el vóleibol ha sido más que competencia: una escuela de disciplina, confianza y comunidad que acompaña su formación en la U. Central.