Con el objetivo de sensibilizar a los estudiantes de primer año sobre el impacto de la calidez humana en el ejercicio profesional, la carrera de Medicina de la Universidad Central realizó una nueva jornada de humanización. El evento, desarrollado en el Auditorio Carlos Blin, marcó el cierre de la asignatura Introducción a la Profesión Médica, espacio donde los futuros profesionales comienzan a explorar la esencia del cuidado: el encuentro genuino con el otro.
La instancia estuvo marcada por la reflexión sobre cómo la tecnología —pese a su aporte en la precisión diagnóstica— no debe reemplazar el vínculo médico-paciente.
El inicio de la actividad contó con la participación del Presidente de la Junta Directiva de la institución, Patricio Silva, quien destacó la importancia de mirar más allá de la pantalla. «La medicina tiene ese entorno que es acercarse a un paciente cuando sufre. (…) Los propios profesionales de la salud y desde luego los pacientes, reclaman esa mirada, ese acompañamiento», señaló el Dr. Silva ante una audiencia compuesta por estudiantes y académicos.
En esta misma línea, el director de la carrera de Medicina, Daniel Skorka Dvash, enfatizó que la humanización no es un complemento opcional. «Ningún avance tendrá un verdadero valor si olvidamos que detrás de cada examen existe una persona y una familia que tiene temores y expectativas. La humanización es parte de la esencia de nuestra profesión», afirmó.
La jornada destacó por incorporar perspectivas diversas del sistema sanitario. Contó con la presencia de Patricio Barría Ailef, Director del Hospital de Urgencia Asistencia Pública (HUAP), y Michel Royer Faúndez, Director del Hospital de Niños Dr. Luis Calvo Mackenna, quienes abordaron los desafíos de gestionar la humanización en entornos de alta complejidad.
Los directores compartieron visiones complementarias sobre la gestión sanitaria actual. Patricio Barría planteó la humanización como una política integral que trasciende el buen trato, abarcando desde la dignificación de los espacios físicos y la mejora de procesos críticos, hasta el necesario cuidado de la salud mental de los propios funcionarios de salud. Por su parte, Michel Royer, subrayó la importancia de un enfoque de derechos en la atención pediátrica. Royer destacó que, incluso en contextos de alta complejidad, la misión institucional debe priorizar la voz y la participación activa de los niños, niñas y adolescentes, integrando su perspectiva como un elemento fundamental en la toma de decisiones clínicas.
El testimonio más conmovedor provino de Cote y Abraham, quienes compartieron su experiencia como paciente y familiar. «Tómense cinco minutos para mirar a las personas que tienen al frente y conectar realmente con ellos», instaron, recordando que, en momentos de vulnerabilidad, el trato humano es lo que trasciende a cualquier procedimiento clínico.
Por su parte, la académica Paulina Reveco Olguea aclaró una distinción fundamental para los estudiantes: «La simpatía no es lo mismo que la empatía. La humanización consiste en brindar una atención integral, ética y centrada en la persona, respetando su dignidad y autonomía dentro de un contexto biopsicosocial».
Finalmente, la Decana de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud, Gisela Alarcón, enfatizó la importancia de la autogestión emocional y el cuidado mutuo entre los futuros profesionales como base para sostener una práctica médica empática a largo plazo. ‘A veces, en la vorágine de la formación, corremos el riesgo de creer que el éxito de un médico se mide únicamente por su capacidad de memorizar protocolos o dominar la tecnología de última generación’, reflexionó la autoridad, instando a los estudiantes a mantener siempre el foco en la vulnerabilidad compartida y la calidad humana como pilares innegociables de su futura labor clínica.






