¿De qué nos reímos cuando la risa incomoda? ¿Quién define los límites de aquello que puede ser objeto de humor? ¿Qué revela el humor negro sobre las formas actuales de conversación pública en internet? Esas preguntas guiaron una nueva edición del programa del Centro Democracia y Opinión Pública (C_DOP), emitido el miércoles 1 de julio desde el estudio de televisión de la Universidad Central de Chile.
El espacio acompaña cada nuevo número de Corrientes Subterráneas, publicación elaborada por el Laboratorio de Conversación Pública del C_DOP, con el propósito de ampliar la circulación de sus hallazgos y ponerlos en diálogo con voces de la investigación aplicada, la academia, la cultura y el debate público.
En esta oportunidad, el programa abordó el Informe 8, titulado «El boom del humor negro: rompiendo la cultura y reestructurando el poder», estudio que analiza cómo este tipo de humor se ha expandido en el entorno digital hispanohablante y de qué manera tensiona los límites de lo socialmente aceptable, lo políticamente correcto y la moral pública.
La conversación fue conducida por el investigador del C_DOP, Axel Callís, sociólogo y analista político, quien presentó los principales ejes del estudio junto a Consuelo Calderón, socióloga e investigadora cualitativa digital del Laboratorio de Conversación Pública. El panel también contó con la participación de la comediante, actriz y guionista Paloma Salas, una de las voces relevantes de la comedia en vivo en Chile, y de Jorge Montealegre, poeta, periodista, ensayista e investigador del humor gráfico, la sátira política y la cultura popular chilena.
Al abrir el programa, Axel Callís explicó que esta línea de trabajo busca observar conversaciones que no siempre aparecen en los espacios más visibles de la agenda pública, pero que permiten comprender transformaciones socioculturales en curso. En esa línea, indicó que la etnografía digital permite atender a «lo que la gente conversa cotidianamente en redes sociales, bien profundamente», a partir de un acceso ético a esas interacciones.
Más que seguir solo la agenda visible, el enfoque busca detectar aquello que empieza a instalarse desde espacios menos evidentes de la conversación digital. «Nosotros lo que hacemos es tomar conversaciones que se empiezan a expandir en las profundidades de las redes sociales y que nos parecen que, de una u otra forma, marcan tendencia sociocultural», sostuvo.
Humor, poder y conversación digital
Consuelo Calderón presentó los principales hallazgos del estudio, destacando que el humor negro en internet aparece como un fenómeno ambivalente, porque permite leer malestares, disputas de sentido y formas de relación con temas socialmente sensibles. Según explicó, este tipo de humor implica «ciertas tensiones de poder», porque puede operar como resistencia ante algunos cambios sociales o como impulso para movilizar nuevas transformaciones.
En esa misma línea, la investigadora planteó que este fenómeno no puede leerse únicamente como entretenimiento, ya que permite observar cómo las personas procesan temas sensibles, negocian incomodidades y construyen pertenencias en la conversación digital. A su juicio, puede funcionar «como un refugio emocional, como si fuese una especie de terapia para las personas», aunque también puede transformarse en «una herramienta para la dominación simbólica».
Ese doble carácter fue uno de los puntos centrales del diálogo: la risa como alivio, pero también como espacio donde se tensionan el daño, la crítica, la reproducción de estereotipos y la moral pública. Por ello, la investigadora advirtió que el informe abre una pregunta sobre «qué cosas nosotros podemos tomar en serio y de qué cosas nosotros nos podemos seguir riendo».
Como conductor del espacio, el investigador del C_DOP fue ordenando algunos de los ámbitos detectados por el estudio, entre ellos las caídas o situaciones vergonzosas que pasan de generar preocupación a convertirse en motivo de risa; el humor sobre la muerte, las enfermedades y las tragedias; los chistes asociados a género, orientación sexual, nacionalidad, discapacidad, edad o clase social; el humor político negro; el absurdo transgresor; y el humor vinculado a los memes. Sobre este último punto, planteó que «el humor “memético” es el que más se ha expandido en las redes sociales», debido a su capacidad de condensar una alta carga simbólica en una imagen, escena o situación.
Paloma Salas tensionó la idea de que el humor negro sea un fenómeno nuevo. Desde su experiencia en la comedia, planteó que las temáticas incómodas han estado presentes históricamente en la risa, aunque hoy existen herramientas que permiten medir, observar y sistematizar su circulación digital. «Creo que esto lo estamos diciendo ahora porque antes no teníamos etnografía digital, pero esa lista que hiciste, o sea, nos hemos reído de eso siempre», sostuvo.
Para la actriz y guionista, lo nuevo no necesariamente estaría en los temas, sino en la posibilidad de observar con mayor detalle qué se comparte, qué se comenta y qué se vuelve tendencia en las plataformas digitales. En ese sentido, destacó que hoy es posible «contabilizar de una manera mucho más gráfica de qué se está hablando, de qué se están riendo, qué están compartiendo».
Frente a ese contrapunto, el investigador del C_DOP precisó que uno de los aportes del informe está en observar la escala que alcanzan hoy estas formas de humor. «Una cosa es que la lista exista hace mucho tiempo, y otra cosa es el volumen de gente», comentó, apuntando al modo en que las plataformas digitales amplifican contenidos que antes podían permanecer en círculos más reducidos.
La comediante también propuso mirar el humor negro como una práctica humana persistente, más que como una moda reciente. Por ello, señaló que le cuesta afirmar «a rajatabla que el humor negro está de moda ahora, o que la gente lo necesita más que antes».
Los límites, el contexto y la recepción
La conversación también abordó la pregunta por los límites del humor. La investigadora del C_DOP explicó que el estudio observó el fenómeno desde tres dimensiones: la estructura del chiste, los tópicos de fondo y las reacciones de las personas usuarias. Entre esos tópicos, mencionó aspectos como la apariencia física, la salud mental, las discapacidades, las diferencias étnicas, la política, la religión, las identidades de género, las enfermedades graves, la muerte, los funerales y otros temas sensibles que, al circular como humor, abren preguntas sobre daño, libertad expresiva, incomodidad y juicio moral.
La dificultad inicial estuvo en delimitar una categoría que, justamente, se mueve en zonas de borde. Como reconoció la socióloga, «en estricto rigor, no hay una definición como tal sobre qué es, cuál es su límite», porque sus fronteras no aparecen como una línea fija, sino como una disputa permanente entre quienes ríen, quienes se incomodan, quienes reproducen el chiste y quienes lo transforman en juicio moral.
Desde la investigación sobre humor, Jorge Montealegre llamó a precisar el concepto antes de discutir sus límites. «Todo lo que se está haciendo no es humor negro. Hay muchas variedades en el humor», explicó el académico.
Desde ahí, propuso distinguir entre aquello que puede surgir como ocurrencia y aquello que efectivamente se comunica en un espacio social. Desde esa perspectiva, las ideas humorísticas pueden aparecer sin filtro en la mente, pero su enunciación depende siempre del contexto, del público y de la situación; por ello, afirmó que «no hay límites para el humor negro en el sentido de la ocurrencia», porque los límites aparecen fuera de la persona, cuando esa ocurrencia se expresa ante otros.
El conductor del programa retomó ese punto para preguntar si estas nuevas conversaciones podían entenderse como una forma de mover los límites del cambio social. «¿Hay un caballo de Troya metido dentro de esto?», planteó, al señalar que el estudio detectó usos del humor orientados a desplazar los bordes de la moral pública.
La respuesta apuntó a que la risa no empuja siempre en una misma dirección. Desde la perspectiva del académico invitado, puede aparecer tanto en posiciones críticas o transformadoras como en discursos que buscan resistir cambios sociales recientes, pues «el humor y el humor negro pueden ser movilizadores de tendencias revolucionarias que buscan un cambio, y de tendencias muy conservadoras que también buscan un cambio».
También vinculó esta discusión con la sátira política, entendida como una forma histórica de intervención sobre ideas, tendencias y posiciones públicas, no solo como un recurso para provocar risa.
El programa también abordó la tensión entre el humor como oficio y el humor como producción digital. Desde la práctica escénica, la comediante puso en discusión la idea de que los memes sean simples expresiones espontáneas o menos elaboradas que una rutina de comedia. A su juicio, muchas piezas digitales tienen una intencionalidad muy marcada y operan dentro de códigos específicos de circulación. «Creo que los memes son mucho más intencionados que cualquier cosa que haga yo», planteó.
En conjunto, las intervenciones permitieron poner en diálogo los hallazgos del Informe 8 con preguntas más amplias sobre internet, cultura digital, moral pública y poder. El programa abordó las formas que adopta el chiste en redes sociales, el rol de los memes, la expansión del humor sobre temas sensibles y la tensión entre libertad expresiva, daño simbólico e incomodidad social.
Con este espacio audiovisual, el C_DOP amplía la circulación de sus informes más allá del formato escrito y genera una conversación pública en torno a fenómenos que, aunque muchas veces ocurren en zonas menos visibles de internet, inciden en la manera en que las personas interpretan la actualidad, construyen vínculos, disputan sentidos y procesan colectivamente aquello que incomoda.
La iniciativa refuerza así el aporte de la U. Central al análisis de las transformaciones socioculturales que atraviesan la conversación digital contemporánea, junto con promover la circulación del conocimiento, el diálogo interdisciplinario y la comprensión crítica de los temas que emergen desde la ciudadanía y tensionan la agenda pública.
- Descargue aquí el Informe 8 de Corrientes Subterráneas.
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