Un baúl patrimonial repleto de planos en lino dibujados a lápiz y coloreados por el arquitecto Ricardo Larraín Bravo (autor de obras como la población Huemul, el Palacio Iñiguez y la casa Valdés Bustamante) fue el hallazgo que marcó un punto de inflexión en el proyecto de investigación “Diagnóstico histórico de un patrimonio arquitectónico en riesgo: la Basílica de los Sacramentinos”, impulsado por el Centro de Investigación Arquitectónica, Urbanística y del Paisaje (CEAUP) de la Universidad Central , en convenio con la Fundación Sacramentinos.
El hallazgo fue inesperado y alteró la secuencia original de la investigación. “Nos encontramos con un conjunto documental que, si bien estaba protegido bajo el resguardo de la Congregación de los Sacramentinos, no estaba sistematizado ni difundido. Cada plano fue catalogado en una cédula individual con fotografía referencial, medidas y antecedentes técnicos. Es un insumo fundamental para comprender la evolución constructiva del edificio”, indicó el doctor en arquitectura y estudios urbanos Simón Castillo, miembro del equipo de investigación del proyecto, junto al doctor en arquitectura y patrimonio Marco Valencia.
Tras el descubrimiento —ocurrido durante las primeras etapas del trabajo en terreno, el 2024— el equipo se dedicó inmediatamente a catalogar el material con el apoyo de la estudiante de arquitectura de la U. Central Tiare Sáez. El resultado fue un documento con 150 fichas patrimoniales que identifican también planos mutilados o en riesgo, que requieren conservación urgente, puesto que los más nuevos son del año 1930.
Un templo monumental en estado crítico
El templo del Santísimo Sacramento, conocido como Basílica de los Sacramentinos, fue inaugurado parcialmente en 1931 por la Congregación del Santísimo Sacramento, llegada a Chile en 1908. Emplazada en el barrio San Diego, en el centro sur de Santiago, constituye uno de los edificios religiosos más imponentes de la capital.
Pese a su protección bajo la Ley 17.288 como Monumento Histórico Nacional, el edificio presenta un avanzado estado de deterioro, producto de fallas acumuladas, efectos sísmicos y problemas de mantención. “De allí que, una vez sistematizada la información, la Fundación debe generar una coordinación con la institucionalidad patrimonial, en particular el Consejo de Monumentos Nacionales, con el fin de trabajar una estrategia adecuada de gestión y conservación de este valioso material”, explicó Marco Valencia.
En este contexto, el proyecto propone un diagnóstico histórico integral que articula tres dimensiones: la evolución arquitectónica y constructiva, a partir del proyecto original y sus variaciones; el emplazamiento urbano, analizando la inserción del templo en una trama barrial que ha experimentado transformaciones significativas como el aumento del tráfico vehicular y de la población flotante, la contaminación ambiental y la masiva inmigración extranjera; y el estado actual del templo.
El hallazgo de los planos dialoga con las siguientes etapas del proyecto. El equipo ya realizó un vuelo de dron para registrar el estado del revestimiento exterior y está a la espera de la sistematización técnica de esos datos, que serán analizados en colaboración con académicos de la Facultad de Ingeniería y Arquitectura (Finarq) de la casa de estudios. Asimismo, el convenio contempla el uso de escáner láser que permitirá generar un modelo de ortomosaico en 3D detallado de la fachada del templo para identificar daños en el exterior edificio.
La combinación entre archivo histórico y tecnologías de levantamiento digital permitirá contrastar el diseño original con el estado actual del inmueble: identificar pérdidas, transformaciones y obsolescencias, y comprender cómo el paso del tiempo y los cambios urbanos han impactado en su integridad.
Castillo subraya que muchos de los planos revelan alternativas proyectuales no ejecutadas —desde retablos hasta configuraciones de alas laterales—, lo que amplía la comprensión de la obra más allá de su materialización final. “El edificio se construyó durante más de veinte años. Estos documentos permiten reconstruir esa historia larga y compleja”.
Una primera etapa hacia la rehabilitación
La investigación se proyecta como una primera fase de más largo aliento: la eventual elaboración de un plan de rehabilitación y conservación patrimonial. A diferencia de un fondo concursable con plazo acotado, el estudio se desarrolla en el marco de un convenio de colaboración sin fecha de término definida, lo que ha permitido el acceso regular al templo y la participación de estudiantes en labores de levantamiento y catalogación.
“La idea es montar una exposición itinerante en la Basílica y en la Universidad Central que permita difundir la sistematización del archivo, acompañada de charlas académicas” señala el historiador. Por ahora, el hallazgo permanece como un hito interno, pero decisivo: una base documental inédita que reordena la lectura histórica del edificio y fortalece sus posibilidades de preservación.
En un escenario donde el patrimonio religioso urbano enfrenta crecientes desafíos de conservación e inserción en la ciudad contemporánea, el caso de los Sacramentinos abre una discusión mayor respecto a cómo articular historia, tecnología y gestión institucional para evitar que un monumento nacional continúe avanzando hacia el riesgo estructural y la desconexión urbana.

